Durante toda esta segunda campaña de excavaciones, se han tratado de desvelar uno de los mayores vacíos de la Prehistoria Europea: los cambios en las sociedades cazadoras a inicios del Paleolítico Superior, entre hace 50.000 y 35.000 años, época de convivencia de los neandertales y los humanos modernos o sapiens. Los resultados están siendo reveladores, llegando incluso a reabrir el debate sobre la modernidad de la especie neandertal y su relación con el inicio de una industria lítica más elaborada, empleada en acciones de caza complejas, y la representación simbólica, atribuida hasta ahora a la rama sapiens.
La conclusión es que los neandertales de El Castillo sufrieron una paulatina transformación de su cultura hasta encontrarse después con los humanos modernos, pero en ningún momento se puede hablar de cambios bruscos en la cultura fósil por lo que no debieron existir demasiadas diferencias entre ambas poblaciones. Solemos pensar que la desaparición de los neandertales se debió a una confrontación directa con los sapiens, pero de ello no existen evidencias por lo que debemos atender a otras alternativas.
Por otra parte, y aunque ensombrecidas ante la magnificencia de las cuevas de Altamira, sus más de trescientas representaciones gráficas siempre gozaron de indiscutible relevancia en la Prehistoria europea. Las pinturas, pertenecientes al Solutrense y al Magdaleniense abarcan periodos que van de los 20.000 a los 14.000 años de antigüedad. A lo largo de las cuatro cuevas hallamos pinturas y grabados de bisontes, mamut, osos, ciervos, renos, caballos, toros, cabras, decenas de manos en negativo y una serie de representaciones esquemáticas como puntos, discos, redes o simples trazos de significado desconocido.
Más antiguas son, sin embargo, las evidencias de simbolismo que aparecen en objetos mueble de niveles de ocupación neandertal de entre hace 50.000 y 36.000 años, resultando ser la representaciones simbólicas más antiguas de Europa.
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